ANTECEDENTES

 

El camino hacia la integración del ferrocarril en Logroño

Plano de Logroño, circa 1920

 

El ferrocarril llegó a Logroño el 21 de septiembre de 1863. Las vías discurrían por una zona de huertas ubicada al sur del casco urbano.  Con el tiempo  ese primer trazado ferroviario se  transformaría  en la principal arteria de la ciudad,  la Gran Vía logroñesa.
 
 
Estación de Logroño, Albe circa 1940
 
Logroño creció y aquellas primeras infraestructuras se convirtieron con la entrada del siglo XX en un obstáculo insalvable para la expansión meridional de la ciudad. Se barajaron diferentes posibilidades y, finalmente, se apostó por el traslado. Las nuevas instalaciones, localizadas unos cientos metros al sur, a las afueras de la ciudad, entraron en funcionamiento el 9 de noviembre de 1958.
 
 
 

Pocos imaginaban entonces que la historiase se iba a repetir. Logroño siguió creciendo y no tardó muchos años en superar el nuevo corredor: pronto se convirtió en un cinturón de hierro en el centro de la ciudad que condicionaba su desarrollo, determinaba su paisaje y dividía en dos su casco urbano. El Plan General de Logroño ya recogió en 1985 la necesidad de resolver la integración urbana del tramo ferroviario.

Ortofoto de Google Maps, 2004

El Ayuntamiento de Logroño, el Gobierno de La Rioja y el Ministerio de Fomento suscribieron el 25 de julio de 2002 un convenio que posibilitará la completa integración del ferrocarril a su paso por la ciudad de Logroño. La actuación, que afecta a seis kilómetros de trazado viario en superficie, integra infraestructura, arquitectura, paisaje y urbanismo sostenible con el objetivo de resolver por mucho años el corredor ferroviario en el entramado urbano.

Imagen de las vías de tren desde el puente de Vara de Rey, Teresa Rodríguez 2004

Convenio general de 25 de julio de 2002, entre el Ministerio de Fomento, la Comunidad Autónoma de La Rioja, el Ayuntamiento de Logroño y Renfe para la integración del ferrocarril en la ciudad de Logroño